Sobrio adiós a Ceballos

La despedida estaba pendiente, porque su adiós como obispo titular siempre se entendió como un hasta luego que no ha llegado a producirse; el reencuentro con su ciudad que él tenía en mente quedó pendiente porque las fuerzas fueron fallando sin opción a afrontar nuevas etapas. Pero el recuerdo sigue intacto, y hace once años ya que se marchó; por eso la iglesia de Santiago está siendo muy concurrida desde primera hora de esta tarde, cuando ha quedado habilitada la capilla ardiente del obispo emérito de Cádiz y Ceuta, Antonio Ceballos Atienza, que fallecía el miércoles a los 87 años de edad.

La ajetreada plaza de la Catedral ha quedado en un aplastante silencio cuando por el Campo del Sur ha asomado el coche fúnebre que ha trasladado los restos del obispo desde Jaén, donde falleció ayer y donde esta mañana se le ha aplicado un funeral en la Catedral. El deán de ese templo, Francisco Juan Martínez, que fuera el primer secretario de Ceballos cuando éste fue nombrado obispo de Ciudad Rodrigo, acompañaba a la comitiva desplazada desde Jaén, queriendo estar presente en este último adiós a Antonio Ceballos, que este viernes descansará en la cripta de la Catedral de Cádiz. Como también quisieron estar algunos familiares desplazados igualmente desde Jaén.



En la puerta de Santiago aguardaban la llegada del féretro el obispo, Rafael Zornoza; el vicario general, Óscar González; el deán de la Catedral, Ricardo Jiménez; y los seminaristas, además de algunos sacerdotes y varios gaditanos que acudían a despedir “al bueno de Ceballos”, como esta tarde -por enésima vez- ha vuelto a oírse en la plaza.

El cada vez más delicado estado de salud de Ceballos, la ordenación de tal o cual compañero, o la anécdota de turno llenaban de contenido los corrillos formados en la plaza de la Catedral a la espera de un féretro que no llegaría hasta pasadas las seis y media de la tarde. Zornoza recordaba cómo hacía cuestión de quince días había ido a visitar a Ceballos, una mujer aguardaba con algunas flores en la mano para depositarlas a los pies del féretro, las redes sociales eran una constante de pésames y recuerdos de un obispo que dejó honda huella en sus casi 20 años de labor pastoral.

La nota discordante la ha peuesto el Ayuntamiento, que no ha emitido ni una sola palabra de pésame ante la pérdida del obispo emérito. Un Ayuntamiento, y su gobierno, que ha repartido condolencias, banderas a media asta y días de luto a diestro y siniestro para cualquier ciudadano conocido, gaditano o no, fallecido en estos años ha guardado un sonrojante silencio ante la muerte de Ceballos. Silencio que ha acompañado de la negativa a que la Policía Local escoltara el féretro del emérito desde su entrada a Cádiz hasta la plaza de la Catedral.

Portado a hombros del deán, el padre Marco Antonio Huelga y varios seminaristas, el obispo emérito ha sido colocado a los pies del altar mayor de Santiago, al lado del Seminario en el que tanto empeño puso también durante sus años en Cádiz. Allí queda abierta la capilla ardiente hasta esta medianoche, reabriendo mañana a las 8.00 y hasta las 11.00 horas. A su vera, de protagonista inesperada la Virgen de las Lágrimas de Piedad, que ocupa estos días el crucero de Santiago por los cultos que le dedica la cofradía y que ha tenido que suspender este jueves por el triste desenlace de Ceballos.

La iglesia de Santiago está siendo un continuo entrar y salir de ese Cádiz que quiere dar su último adiós a Antonio Ceballos, en esa despedida que siempre quedó pendiente entre una ciudad conquistada por un obispo humilde y sencillo y ese obispo que en vida decidió que se enterraría en la Catedral de las Américas, donde descansará para siempre este viernes.

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