Sin plaza en Mallorca para grado superior sanitario, con un ocho de nota media

Brenda Morey (Palma, 2002) tiene una meta clara: llegar a ser enfermera. El bachillerato no le fue bien, pero no se rindió en su objetivo. Estudió un grado medio de Auxiliar de Enfermería, con la vista puesta en, algún día, sacarse la carrera universitaria de Enfermería. El FP tampoco fue fácil. Obtuvo plaza en el último momento, ya empezadas las clases. Lo dio todo y aprobó con una elevada nota media. Ha terminado aún más enamorada del mundo sociosanitario pero, vuelve a sufrir las mismas adversidades que entonces al aplicar a un grado superior de la rama sanitaria en Mallorca. Tiene un ocho de media y todavía no ha conseguido plaza para el grado superior de Técnico de Laboratorio.

Sin oportunidades

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Desde principios de junio, lleva inmersa en el proceso de admisión. Debido a la gran demanda de estos estudios, pese a sus calificaciones, a finales de septiembre y con las clases ya empezadas, sigue en lista de espera. Vive en el Pont s’Inca y, aunque no tiene coche, está dispuesta a moverse por toda la Isla, hasta donde haga falta. Ha pedido plaza en institutos de Marratxí, de Inca y hasta de Muro, pero solo la han aceptado en un centro de pago, cuya matrícula asciende a 270 euros, casi 200 más que en la pública. También deberá abonar 90 euros cada mes.

El suyo no es un caso aislado. Son muchos los alumnos que se quedan a las puertas de grados superiores de FP, con notas que rondan el notable. Algunos consiguen plaza entrado el mes de octubre, tras renuncias de estudiantes aceptados. Sin embargo, esa espera, sin garantías, les lleva a buscar alternativas por si acaban, finalmente, con las manos vacías, cursando otros estudios.
La madre de Brenda, María Jesús Vergara, ha sufrido de primera mano la tensión con su hija. Lleva 18 años trabajando en la hostelería y desea para ella un sector menos esclavo y mejor remunerado. Ante los esfuerzos académicos que ha visto en Brenda, no concibe que no logre plaza: «No creo que España quiera ser un país de camareros. Si queremos cambiar el modelo económico, ¿por qué la gente que tiene ganas y se esfuerza no puede dedicarse a este tipo de ámbitos?», se pregunta María Jesús.

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