El balance: Lo que deja la Magna de Cádiz

La ciudad vuelve a la normalidad tras el bullicio del fin de semana y a la espera de la Sail GP que hará subir el termómetro de las calles en cuestión de días. Las imágenes titulares ya ocupan de nuevo sus altares y retablos, abandonando esos pasos que regresan a sus almacenes a la espera de la próxima Semana Santa. Y la rampa de la Catedral, esta vez sí, empezará a desaparecer a lo largo de esta semana después de un intenso verano de servicio extra. La Magna conmemorativa del 300 aniversario del inicio de la construcción de la Catedral ha culminado, y tanto el Consejo de Hermandades como las cofradías participantes paladean estos días el éxito de su celebración.

Los traslados de la pasada semana, la exposición en la Catedral (con más de 6.100 visitantes), la procesión ‘oficial’ hasta San Agustín y los posteriores regresos en la noche del sábado han sido un rotundo éxito de público y de celebración -a excepción, quizás, de los problemas horarios acaecidos durante la jornada del viernes-. Y más allá de las muchas estampas, momentos emotivos, escenas extraordinarias y demás cuestiones que ha deparado este intenso fin de semana cofrade, la procesión Magna deja varias claves más que importantes e interesantes para el presente y futuro de las hermandades gaditanas.



Cádiz exporta su Semana Santa

La clave más importante que deben asumir las hermandades es la proyección que la Magna ha dado de la Semana Santa de Cádiz, de sus cofradías, del notable patrimonio que atesoran los siglos de tradición y de la valía de lo que cada año sale a las calles de la ciudad. La exposición de pasos en la Catedral durante la mañana del sábado era motivo de orgullo (a excepción, posiblemente, de un Resucitado que no quedó todo lo acertado que debiera pero que tampoco es ninguna imagen que procesione en Semana Santa) para los cofrades de la ciudad, con potentes obras tanto en relación a imágenes titulares como a las secundarias, los bordados, la plata o la talla de pasos. Conjuntos que luego tuvieron un extra añadido, en la calle, con una forma de carga que llama la atención de los foráneos y unos acompañamientos musicales que rozaron la exquisitez.

Todo ello teniendo en cuenta, además, que las cofradías dejaron en sus respectivas iglesias otra gran cantidad de piezas de enorme valía que no participaron en la Magna. Como los Crucificados de la Buena Muerte o de Vera-Cruz, los ‘pimenteles’ de Columna y Humildad (aunque este último Cristo sí pudiera verse en la puerta de San Agustín durante la procesión magna), o los misterios de Afligidos o Descendimiento.

Cádiz, en resumen, tiene una gran Semana Santa en lo estrictamente material o patrimonial que a raíz de esta Magna ha podido darse a conocer a los millares de personas que el sábado inundaron la ciudad. Lo ha hecho, además, como no pudo lograr del todo en 2012 al ser entonces en la jornada del Sábado Santo, donde sigue habiendo Semana Santa en muchos lugares de Andalucía, lo que impidió que fueran aún más los visitantes. Y coincidiendo, además, con la reciente declaración de Fiesta de Interés Turístico Nacional que da un mayor respaldo a esa Pasión gaditana.

El buen momento de las hermandades

Una segunda clave que deja la Magna del sábado es el buen estado de salud en el que se encuentran las hermandades gaditanas. Después de una pandemia que suprimió durante dos años la Semana Santa y dañó a la vida interna de las cofradías y a sus respectivas tesorerías, las 17 hermandades participantes han puesto toda la carne en el asador. Y de algún modo, los innumerables estrenos, cesiones de imágenes secundarias o enseres y otras novedades diseñadas para este motivo extraordinario, así como el interés por contratar a las mejores formaciones musicales del momento y a dotar de acompañamiento musical también los traslados a Catedral del jueves y el viernes reflejan un empuje tremendo por parte de las hermandades y de sus mayordomías, que han cuidado hasta el más mínimo detalle para que las imágenes titulares y los pasos de misterio lucieran en todo su esplendor.

Este interés por el detalle, esta implicación de las cofradías, ha quedado patente también con gestos como el de la hermandad de Las Aguas, que trasladó a Su Cristo para presidir el altar mayor de la Catedral con motivo de la fiesta de la Exaltación de la Cruz y hasta el domingo, o como el de Humildad y Paciencia (en colaboración con Buena Muerte) para que Su titular presidiera un altar en San Agustín.

Sin problemas de carga

Unido a esta buena salud que demuestran las cofradías, es clave también en la Magna el buen hacer de las cuadrillas de cargadores y la ausencia de problemas -al menos aparentemente- a la hora de conformar las 17 cuadrillas participantes con sus respectivos relevos. Después de una Semana Santa que dejó ciertas señales de alarma ante los problemas físicos que demostraron algunos pasos y que vivió su episodio más notorio con el regreso obligado de Soledad de Santo Entierro tras entrar en Catedral y sin completar siquiera la carrera oficial, la Magna no ha evidenciado problema alguno con la carga. En líneas generales, los pasos han ido bien llevados y los recorridos se han completado con suficientes garantías, pese a las altas temperaturas (sobre todo el sábado) y la intensidad del fin de semana con traslados y procesión.

En la Magna, además, ha vuelto a quedar patente que frente a la cerrazón y la crítica exacerbada (y en muchas ocasiones carente del más mínimo respeto) de algunos, pueden convivir en la calle diversas formas de concebir el andar los pasos, siendo tan válidos unas opciones como otras.

Una oportunidad para la ciudad

Una última clave a tener en cuenta escapa, realmente, al ámbito de lo cofrade, de las hermandades y del propio Consejo; pero debería ser una clave a tener en cuenta para la ciudad en sí y para las administraciones e instituciones que de una u otra forma guardan relación con Cádiz y con su día a día: la Magna ha dejado claro el interés que despierta un evento cofradiero, que es capaz de llenar hoteles, bares y restaurantes, desbordar el servicio público de taxis y convertir la ciudad en una ratonera.

Esto último debería servir para que las administraciones aprovechen este tipo de ocasiones para hacer la mayor promoción posible de la ciudad; y vinculado a esto, para mostrar más preocupación, más cariño y más apoyo al mundo de las hermandades. Basta con recordar que la procesión Magna no ha contado con ningún tipo de ayuda directa por parte de ninguna administración ni entidad; la salida de los 17 pasos ha sido costeada por cada hermandad y por la venta de las 5.400 sillas dispuestas en carrera oficial (con el correspondiente gasto de alquiler de las sillas, transporte, colocación, revisores…), recibiendo la ciudad -como siempre- mucho más de lo que da a unas cofradías que tras este pasado sábado han salido más fortalecidas que nunca.

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